Un convenio para dar estabilidad a las artes gráficas
- Publicado el 12 de Octubre de 2026
El sector de las artes gráficas acaba de dar un paso importante para afrontar los próximos años con mayor estabilidad. El nuevo Convenio colectivo estatal de artes gráficas, publicado en el BOE el pasado 23 de septiembre, tendrá una vigencia de cuatro años, desde el 1 de enero de 2026 hasta el 31 de diciembre de 2029. Para una industria sometida a una profunda transformación tecnológica, a cambios en los modelos de negocio y a una creciente presión sobre los márgenes, disponer de un marco laboral estable constituye también una herramienta de planificación empresarial.
Uno de los aspectos más visibles del acuerdo es la evolución salarial. El convenio establece para 2026 un incremento del 3,2% sobre las tablas de 2025; para 2027, un 2,8%; para 2028, otro 2,8%, y para 2029, un 2,7%. Además, incorpora mecanismos de revisión vinculados a la evolución del IPC en determinadas condiciones. Para los trabajadores, esto supone una mayor previsibilidad de sus ingresos y una protección parcial frente a la pérdida de poder adquisitivo. Para las empresas, conocer con varios años de antelación la evolución de una parte relevante de los costes laborales permite presupuestar, calcular precios y planificar inversiones con mayor precisión.
El segundo gran elemento es la jornada. Durante 2026 y 2027 se mantiene en 1760 horas anuales de trabajo efectivo, mientras que a partir de 2028 se reduce a 1752 horas. El convenio establece además que las empresas que ya tengan una jornada inferior mantendrán esa condición más beneficiosa. En un sector caracterizado por turnos, picos de producción, trabajos urgentes y campañas con fuertes oscilaciones de carga, la regulación de la jornada puede contribuir a ordenar mejor la planificación y evitar que la flexibilidad necesaria para atender al cliente se convierta en una fuente permanente de incertidumbre.
Pero probablemente uno de los cambios más interesantes se encuentra en todo aquello que tiene que ver con la conciliación. El nuevo convenio contempla, entre otros supuestos, permisos relacionados con situaciones familiares urgentes, acompañamiento de familiares dependientes e hijos menores a consultas médicas, dificultades para acceder al centro de trabajo por fenómenos meteorológicos adversos y determinadas situaciones relacionadas con la formación. Incluso contempla hasta doce horas anuales para acompañar a consulta médica a familiares de primer grado dependientes e hijos menores de 18 años. Son medidas que reflejan una concepción más actual de las relaciones laborales y que pueden contribuir a reducir conflictos entre las responsabilidades personales y profesionales.
También resulta relevante el tratamiento de la igualdad. El convenio incorpora expresamente el principio de igualdad retributiva por trabajo de igual valor, los instrumentos de transparencia salarial y las obligaciones relativas a los planes de igualdad. Para las empresas de 50 o más trabajadores establece la obligación de negociar, elaborar y aplicar un plan de igualdad dentro de los plazos previstos. Más allá del cumplimiento normativo, estas medidas pueden ayudar al sector a mejorar su capacidad para atraer y retener talento en un momento en el que las empresas gráficas necesitan incorporar perfiles cada vez más diversos y cualificados.
La formación es otro de los elementos que adquieren especial importancia. El convenio contempla tanto los contratos formativos como la formación profesional y continua. Esto resulta particularmente relevante para una industria en la que los puestos de trabajo están cambiando rápidamente. El impresor actual necesita manejar sistemas de automatización, flujos de trabajo digitales, MIS y ERP, impresión variable, gestión de datos, mantenimiento avanzado o herramientas basadas en inteligencia artificial. La actualización de las competencias profesionales ya no puede considerarse un complemento, sino una condición necesaria para mantener la competitividad de las empresas.
Aquí aparece, precisamente, uno de los grandes retos para los próximos años. El convenio proporciona un marco laboral, pero será responsabilidad de cada empresa convertirlo en una oportunidad para modernizar su organización. La reducción progresiva de la jornada, los incrementos salariales y las nuevas exigencias en materia de conciliación hacen todavía más importante elevar la productividad. Y eso no significa necesariamente trabajar más, sino producir mejor: reducir tiempos de preparación, automatizar tareas repetitivas, disminuir desperdicios, conectar los sistemas de gestión con la producción, mejorar la planificación y utilizar los datos para tomar decisiones.
En este sentido, el nuevo convenio llega en un momento especialmente oportuno. Las artes gráficas están dejando atrás un modelo basado fundamentalmente en el volumen de impresión para avanzar hacia otro en el que tienen cada vez más peso la especialización, la personalización, el valor añadido, la automatización y la diversificación. La mejora de las condiciones laborales y la modernización tecnológica no deberían verse como objetivos contrapuestos. Al contrario: una empresa más automatizada y eficiente puede ofrecer mejores condiciones, mientras que una plantilla más formada, estable y comprometida puede aprovechar mucho mejor las nuevas tecnologías.
El nuevo convenio también aporta algo que el sector necesitaba: visibilidad. Con unas reglas definidas hasta 2029, las empresas pueden incorporar los costes laborales a sus planes estratégicos y de inversión con un horizonte razonablemente amplio. Y los trabajadores cuentan con un marco que concreta no solo las condiciones económicas, sino también aspectos relacionados con jornada, formación, conciliación, igualdad y representación.
El verdadero beneficio del acuerdo, por tanto, no debería medirse únicamente en el porcentaje de incremento salarial o en las horas de jornada. Su mayor valor puede estar en proporcionar estabilidad a una industria que está cambiando profundamente. El reto ahora es que esa estabilidad sirva para impulsar una transformación que permita a las empresas gráficas ser más productivas, tecnológicas y competitivas, al mismo tiempo que ofrecen empleos más cualificados y sostenibles. Porque el futuro de las artes gráficas no dependerá únicamente de las máquinas que incorporen sus empresas, dependerá también de las personas capaces de sacarles rendimiento.
